22 diciembre, 2010

Regalo Navideño de Barone

De su libro Sólo Ficciones.
Una agradable brisa de frescura narrativa.
Gracias Orlando!

http://orlandobarone.blogspot.com/2010/12/solo-ficciones.html

06 diciembre, 2010

¿No será una racha? Otro "clásico"

viernes 3 de diciembre de 2010

La gracia del sexo sexualizado

No sé qué porcentaje de personas viven toda una vida sin haber practicado sexo con otras personas ni tampoco sé si existen aquellas que ni siquiera practicaron sexo consigo mismas. Haber debe de haberlas. Y nada se sabe acerca de la intimidad onanística de un monje que presume vivir casto y aislado en una gruta. ¿Tuvo el Papa alguna experiencia carnal, Moria Casán alguna vez fue virgen, Internet mejoró o empeoró el sexo, colgar un crucifijo en la cabecera de la cama matrimonial produce congelamiento, dormir con la perra o el perro apoyado en la almohada tiende algún significado erótico? No hace falta ser muy imaginativo para calcular que entre las dos actividades humanas más instintivas y gozosas-la alimentación y la cópula- la alimentación es la más frecuentada. Por eso hay más supermercados y restaurantes que casas de cita y que albergues transitorios. En la vida de una pareja joven en plenitud el mayor tiempo que pasan juntos es bastante desilusionante. Se lo pasan más tiempo en el auto en movimiento, en los shoppings, en la cama durmiendo o hablando por celular no entre si sino con otros. Donde sí el sexo ha intensificado su preponderancia es a través de la palabra: sea esta escrita o hablada. La sexualidad verbal es en la sociedad contemporánea un paliativo a la carencia. El sexo hablado es un motivador de la autoestima a la que la realidad carnal va reduciendo. La verborragia del sexo es la catarsis que drena la contenida libido inexpresada. Existe un vasto desconocimiento acerca del comportamiento sexual comparativo entre sujetos de distintas etapas históricas. Uno fantasea excesos embriagadores más legendariamente intensos entre Cleopatra y Julio César que ahora sobre la cama solar entre una señora de country un personal trainer. Aunque lo que se tiende a suponer a lo mejor no es lo que sucede. ¿Cómo saber si la ha pasado mejor una diosa griega con un fauno que una botinera con el ogro Fabbiani? ¿Y cómo saber si ha sentido más la primera pareja humana cubierta de pelos- él tratando de encontrar el endemoniado orificio y ella dudando cuál es el más apto de todos cuantos tiene- o siente más una pareja actual que ya es veterana sexual al salir del secundario? Sí, el sexo es menos vital que la comida y que el agua. La prueba es que se soporta apenas unos días sin tomar una gota; sin ingerir bocado se logra aguantar un par de meses; pero sin sexo se puede estar toda la vida.


Carta abierta leída de Orlando Barone el 3 de Diciembre de 2010 en Radio del Plata.

21 octubre, 2010

La Imaginaria Revolución de la Basura.

DEL BLOG DE ORLANDO BARONE DEL 20-10-2010

Lo bueno cuesta. Hay que esperarlo. Lamentablemente el festejo de esta excelente Carta Abierta se vio opacado por la violencia sindical que se desató ayer.

Ante la basura la sociedad se aterra. Se podría imaginar un relato realista en el cual ella sea la protagonista. La basura. El relato-de mentira, satírico- empezaría con una huelga de basureros o de recolectores de residuos. También de cirujas, cartoneros y botelleros. A la semana de la huelga, y sin que nada ni nadie haga volver al trabajo a los huelguistas, la basura se expande como un diluvio de podredumbre y de hedor insoportable. La lógica del mercado hace que así como hay concentración de la riqueza en determinados barrios y ciudades, también hay concentración de basura en donde más se gasta y se consume. La basura de barrio Parque es veinte veces más que la de una villa grande. Cuanto más humilde y pobre es el caserío, menos basura arroja. Son los sectores prósperos los que más se sienten sofocados por el mosquerío y la náusea. Las ratas a sus anchas se hacen un festín. Patrullas de emergencia de matadores de ratas rocían los basurales de pesticidas y venenos. A su vez los venenos comidos por gatos y perros y palomas desorientados expanden la mortandad y miles de cadáveres de animales intensifican la pudrición ambiental. A las tres semanas el volumen de basura bloquea bocas de tormenta e impide cada vez más en las calles el paso de vehículos. Un día llueve torrencialmente y los desagües, sumideros y cañerías se atascan de residuos. La inundación se derrama por todas partes y aún por lugares donde nunca se inundaba. La correntada arrastra por la ciudad lo peor que le sobra y que descarta la sociedad humana. Por la superficie flota la más indigna deposición de la civilización y el consumo. Hay brotes de pestes; la sanidad colapsa; las pantallas de la televisión replican el espectáculo apestoso y los telespectadores apestados apagan los aparatos para no sentirse basureados dos veces. La televisión basura ha suspendido sus funciones: sus basureros ricos han concluido por efectos de la huelga de la basura. A los dos meses, la inmundicia amontonada llega hasta los balcones del primer piso de casas y edificios. La voluntad vecinal, aún contra las advertencias del cuerpo de bomberos, prende fuego en las esquinas. Pero entre el gasoil que se emplea para encender hogueras, y la combustibilidad de algunos elementos de la mugre, el fuego se torna inextinguible. Hay lugares donde el fuego acaba incendiando casas; hay miles de autos clausurados en los garages; las llamas que vienen de las calles los atrapan entre llamaradas y explosiones. Las estaciones de servicio han sido cerradas y tapiadas. Urge evitar que las reservas de gas implosionen ; evacuan hacia regiones desiertas millones de garrafas. El Riachuelo es ya una superficie sólida putrefacta; el Río de la Plata convertido en basural de emergencia ha dejado de ser un río y es un depósito de basura flotante. Los nostálgicos extrañan al de antes. Cada cientos de metros aparece algún rastro de agua entre envases descartables, tampones manchados y comida agusanada. En Puerto Madero los restaurantes vip cerraron las compuertas de diques y canales pero no pueden impedir basurearse a sí mismos. Sus contenedores desbordan sobras y cochambre. Ya no hay aromatizadores que neutralicen el asco. El comité de socorro no da abasto. Los llamados más desesperados son de las zonas prósperas. Los expertos coinciden que en villeríos marginales las personas son más resistentes y parecen más acostumbradas. No hay carne en las carnicerías ni en los supermercados porque las ratas cada vez más y más grandes se lanzan sobre los camiones frigoríficos no bien empiezan a descargarlos. A los muertos ya no hay necesidad de enterrarlos en tumbas. Se los deja nomás entre los desechos. Los tres poderes del Estado han sido trasladados a un campamento en el desierto. Las redes sociales se agotan de contener maldiciones de usuarios y un magma de contenido infecto las colapsa. Se dice que a los recolectores huelguistas les han ofrecido sueldos de gerentes. Incluso otorgarles la concesión del servicio. Pero no ceden. No quieren. Paradójicamente ni toda la basura financiera corrompida que estafa a la banca con la banca y empequeñece vidas, puede compararse al tamaño de este desastre. Cuanto más consume una sociedad más basura se echa encima. Esta de la basura es la auténtica revolución. Y la más efectiva: la de la civilización humana contra si misma.Carta abierta leída por Orlando Barone el 20 de Octubre de 2010 en Radio del Plata.

02 marzo, 2010

Del Blog de Orlando Barone, 1 de Marzo 2010

Palabras oscuras que hablan por nosotros

Sismo, terremoto, mega terremoto, maremoto, tsunami. O desastre, destrucción, desconsolación y cataclismo son algunas de las palabras que tratan de definir los últimos males de la tierra ahora concentrados en Chile, ayer en Haití y casi al mismo tiempo y en grados menores en Madeira, Portugal, o en Galicia, España. O en cualquier parte. Son palabras tan pesadas como default, colapso, recesión, derrumbe, depresión o quiebra, que describen nuestros males económicos y financieros contemporáneos.

Todas son palabras instaladas cada vez más en el planeta. Para resumir nuestros males sociales se usan pauperización, hambruna, xenofobia, exclusión y marginación, entre otras más negras como los condenados o los nadies. La adjetivación negativa define nuestra época. Cuando no es algo espantosamente eventual lo que la motiva, es algo que atañe a la agenda corriente. Nos acostumbramos a aniquilación, genocidio, matanza y masacre. Como a caos, escándalo, dolor, explotación, injusticia y depredación.

Ya enfrentados a lo terrible reaparecen entonces la solidaridad, la fraternidad, el socorro, la tolerancia y la compasión. Pero pasada la reacción del amor a nuestros semejantes, ahí se vuelve a las andadas; como si la naturaleza de la condición humana fuera más afín al mal que al bien, y estuviera más cerca de la desgracia que de la felicidad. El dolor de Chile, tan próximo que duele aquí hasta en el corazón más descorazonado, alcanza a doler en el mundo. Como pasa siempre cuando se duda si Dios promueve estos dolores o si Dios no pudo con el Diablo, los seres humanos victimizados se revelan en heroísmos y cobardías, sacrificios y miserias, generosidad y egoísmos. Durante horas se mantuvo en vilo a la gente ante la inminente y presunta ola gigante que taparía Hawai como una tumba de agua.

En todo ese tiempo, desde nuestras casas esperábamos - como espectadores de un circo esperan que el tigre no se coma, o se coma, al domador - que aconteciera la gran ola sentados cómodamente. Como no vino, tuvimos el premio consuelo de que la ansiedad de los medios fuera burlada por la naturaleza. Después nos entretuvo el saqueo de los supermercados por la gente ya desesperada, de la apropiación de recursos para la supervivencia. No sé si antes de condenarla moralmente, se nos ocurrió pensar que haríamos nosotros en esas mismas circunstancias. Ante estos avances del horror nos preguntamos cómo logra el ser humano mantener la esperanza. Si en cada despertar cotidiano sucede algo negro.

O sino, se lo inventa. Si todo es polémico. Si lo que se avecina es el caos. Si porque aumenta el precio de la lechuga y el cuadril se junta más rabia que la que deberíamos juntar cuando nos inundan con canales clandestinos o vaporizan con veneno, o cuando un petimetre rentado se hace el cocorito en el asiento del Banco Central. ¡Ah!, las palabras se pronuncian sin medir las proporciones entre lo grande y lo insignificante. Si vienen últimamente tan oscuras no es solo porque los medios y los palabreros las oscurecen. También porque los receptores no las aclaramos.

01 diciembre, 2009

POR SI ALGUN NOSTALGICO SIGUE LEYENDO...

martes 1 de diciembre de 2009

El síndrome de las fiestas y la condición humana


Es un síndrome complejo. Y si se piensa, innecesario. Del síndrome participan voluntaria o involuntariamente las familias. Sean la de uno u otro lado; la de ella o la de él; o la propia, a solas y privada. Hay protagonistas y efectos recurrentes ya clásicos: suegras y suegros, cuñadas y cuñados, y nueras y yernos antiguos o nuevos que suelen ser los que más influyen en disparar este fenómeno. Los abuelos, aparte de la histórica carga de nostalgia, aportan sus estados de ánimo que en la vejez no son preferentemente idílicos. Y están los bebés y los niños. Juegan un papel trascendente, ya que su propensión al lloriqueo, al caprichismo, y a la eventualidad de que se encastren en el ojo la chispa de una bengala que pasaba por inocua, mantienen a los comensales en un estado irritativo que, contenido por diplomacia hacia los padres, causa estragos orgánicos posteriores. El síndrome de las fiestas se revela por estos días de diciembre, y al contrario del síndrome de abstinencia este es de abundancia. Abundancia de objetos olvidables en su mayor parte y abundancia de saludos y besos a la marchanta. No cuento las tarjetas, los e mails y los mensajes de texto porque para esos hay un gran pozo de la nada donde se introducen al instante de ser remitidos. El síndrome también abunda en ansiedad, en melancolía, en falta de tiempo, en amontonamiento familiar y en un conjunto de fenómenos físicos y psíquicos que responden a los estímulos de época. A los del arbolito de Navidad de plástico no bio degradable que Greenpace considera antiplaneta y a los de los brindis en cadena con prevalencia de bebidas no recomendadas por el manual de enología. El contexto que rodea las vísperas de las fiestas es de alta intensidad de preparativos. Y de consumo. El nivel adquisitivo diferente entre unos y otros, aparte de la categoría según las góndolas sean de primera o de outlet, no cambia las sensaciones de la masa de involucrados.

Compitan en el menú el vittel thoné , más obvio que la ensalada rusa y que el peceto mechado con ciruelas ; compitan el chancho asado a la parrilla, donde un voluntario suda por todos; o compitan con la centolla y el sushi, igual el debate interno entre los que van a reunirse adquiere una tensión de beligerancia. Si ir a lo de aquél o a lo de los otros; si evitar a la cuñada inaguantable o al tío chistoso que nunca renueva el repertorio. Si viajar a la loma del kinoto para tener que volver a la madrugada por meandros sombríos; si hacer la fiesta en casa y resignarse a que los invitados lleguen con hambre y ni siquiera traigan un postrecito de morondanga; o si ir a un restaurante y los que pidan vinos caros que lo paguen aparte. Uno de los efectos más riesgosos del síndrome es el stress al cohete que produce. Además de la conspiración doméstica que condena a la maledicencia a la nuera que solo come lechuguita con alita de pollo pigmeo y que no mueve el culo de la silla ni para levantar un plato. El tira y afloje entre la familia de ella y la de él lo gana la de ella. A lo que se agrega el invitado colado que nunca falta y se lanza en la mesa a pontificar sobre la ética y se sabe que a su mujer no le paga la cuota de los hijos desde hace un año. Si algo hay como resumen descriptivo de la condición humana son las fiestas. Ni aunque la tía del inexorable pío nono, por una vez prepare un plato nuevo sugerido por Maru Botana, ni aunque el primo más zarpado tenga lista una batería de fuegos artificiales que aterroricen al caniche toy y amenacen con incendiar la casa, el ritual levanta vuelo. El síndrome contagia en directo. Por osmosis o a la segunda potencia. Para evitarlo habría que esconderse. O no querer a nadie.

30 noviembre, 2009

Del Blog de Orlando Barone - Lunes 30-Nov-2009

Está buena para reflexionar.

Por más que le tiren sombras, el país no se ennegrece.

No sé por qué los argentinos ya no se van del país en masa como antes. Y por qué la televisión ya no se deleita mostrando las colas de emigrantes en la puerta de los consulados y embajadas. Y no solo los argentinos ya no se van- salvo de vacaciones- sino que vienen a Palermo Soho los norteamericanos y nuestra población aumenta cada día. Y eso es lo raro. Porque si uno escucha y lee las noticias, este es un país con más muertes que vida. Y sin embargo no hay éxodos ni caravanas partiendo al exilio. Y además se construyen cada vez más barrios abiertos y cerrados; y hasta en las villas de emergencia se levantan chozas de tres pisos que los diarios delatan como signo de usurpación y barbarie. Y aunque se dice que aquí los delincuentes matan por matar, no como en otras partes que matan por motivos intelectuales, la gente no se recluye debajo de las camas, no: sale de sus casas sin chaleco antibalas ni guardaespaldas y los abuelos llevan a los niños a la plaza. Mientras tanto, en la pantalla, todos lloran eternamente desconsolados y claman ojo por ojo; pero el televidente cambia de canal para mirar a Tinelli y reirse y de seguir así acabará riéndose de los noticieros y de sus relatores más que de los comediantes. No sé por qué se siguen llenando los teatros y los cines y los recitales. De dónde la gente saca la plata. Ni por qué ante tanta amenaza exista el deseo de sentarse a las mesas de los bares en las veredas, donde aparte del riesgo de los motoqueros chorros la consumición es más cara. Será que la gente es temeraria y suicida, y por eso también pasea de noche con autos caros sabiendo que la pueden ametrallar en cualquier esquina. Y que ninguna ambulancia va a llegar a tiempo porque el Estado no las surte de nafta, ya que los surtidores se vacían llenando el tanque del avión que va al Calafate. No sé por qué no hay, como antes, compradores de dólares desesperados en las agencias de cambio, y eso que dicen que la economía está al borde del colapso. Aunque el riesgo país cada vez más bajo los desmienta. Tampoco sé por qué , si como dicen, gobierna una dictadura que persigue al periodismo, cualquier profesional o amateur dice y escribe del gobierno la injuria y la mentira que se le da la gana. Y menos sé por qué las parejas siguen teniendo hijos; y hasta se empeñan en ser fertilizadas con embriones argentinos mientras oyen y leen que el país es una porquería. No sé por qué si se dice que el gobierno roba a “troche y moche”- y todavía más de lo que nadie imagina , ya que se roban hasta las almas - tiene todavía plata para los seis millones de chicos de la asignación universal, para que cinco millones de jubilados cobren un beneficio extraordinario, y para que se paguen los salarios con plata y no con moneda inválida. No sé por qué si dicen que se va a cortar el suministro eléctrico y el país será igual que el planeta cuando aún no se había creado la luz, la gente- aún modesta- suda por comprar aparatos de aire acondicionado y agota su existencia. No sé por qué se dice que la democracia está rota, si nunca como hoy los legisladores han participado tanto institucionalmente, que ya aburridos de ver salir leyes abandonan sus bancas opositoras para pavonearse en los medios donde se sienten mejor que en el Congreso. Vivimos entre una irrealidad mediática y una realidad argentina. Y no sé por qué. Si bastaría un destello real de la razón, para iluminar la delirante oscuridad falsa.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 30 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

08 junio, 2009

NUEVO BLOG DE ORLANDO BARONE

En: www.orlandobarone.blogspot.com podrán leer las cartas abiertas de Orlando en Radio Del Plata. No sé a qué hora participa, pero el programa es de 6 a 9 am. A madrugar, gente...

Abrazo a todos!Antonio